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Resulta que yo tenía que nacer, pues entonces, nací. No me acuerdo muy bien de cómo fue, pero estoy seguro de que pasó, porque si no a santo de que estoy yo aquí escribiendo esta chorrada. Bueno, entonces yo nací, y era un bebé, porque no voy a nacer con 11 años, entonces no seria normal, y yo soy un niño muy normalito. Bueno, seguimos. Ese 5 de Marzo de 1987, aquel día histórico en la historia de la humanidad... ejem, en mi historia (mejor dicho historieta que no soy tan viejo) yo era un bebé rojo, pequeñajo y llorador (ya se que no se dice llorador, pero no encuentro otra palabra) y todos decían que me parecía a mi madre, más que nada por decir algo y quedar bien, porque yo si veo dos recién nacidos no se si se parecen al padre o a la madre. Cada año que pasaba, un buen día mis padres me daban un regalo, todo el mundo me felicitaba y traían una tarta cada vez con una vela más. Y cada vez tengo que soplar más fuerte porque siempre está esa vela que no se quiere apagar (Cuando tenga 80 años no sé que voy a hacer, porque entre los años y las velas...), y hay que apagarla, porque si no no se te cumple un deseo que te hacen pedir cuando sacan la tarta. Otra cosa es el Colegio. Ahí vas por la mañana y vuelves por la tarde, excepto algunos niños que vuelven y se van (ellos dicen que se van a comer). Dentro del colegio, que suele tener nombre, casi siempre el de un señor muy importante que en tal año descubrió tal cosa, hay profesores, que son unos señores que suelen ser mas mayores que el alumno, y profesoras, que es lo mismo, pero que no son chicos, son chicas. Entonces el profesor o profesora en cuestión, entra en la clase y empieza a explicar cosas que nos van a servir en la vida real (o al menos eso cree una señora llamada ministra de educación) en la vida real. Al profesor, que puede ser muy bueno o todo lo contrario, según te caiga a ti y tu le caigas a el, se le pueden hacer preguntas desesperantes y el te puede poner a ti exámenes con preguntas desesperantes. Al colegio, como ya he dicho antes, también van otros chicos, normalmente de la misma edad que el susodicho estudiante, a lo mismo que él. Bueno, al final no os he contado nada de mi vida, pero espero haberte hecho pasar un buen rato.
Por Fernando de Córdoba, 1998. Prohibida la reproducción total o parcial por ningún medio.
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